miércoles, 21 de febrero de 2018

UN CUBO DE AGUA PEOR




Simplemente no estaba dispuesto ya 
a la práctica difícil del arte. Una exigencia recóndita 
de andrajos, como si el esteta -precisamente él- 
no persiguiera el mejor vino. Esto ya no 
podría 
funcionar así ni en el más deliberado 
de los incorruptibles, 
como fuera que el contexto social, urgido, excluyente, 
pedía exhibición -estar en ello, no estar-. 
Sólo cambiaba el escenario, tranquilos; 
el merecimiento, el natural de siempre. Un estribillo 
cuya ejecución se varía, acaso; un trombón 
una mesa de Dj. Pero la vanidad no muda. 

Cosa que es la principal utilidad de la vanidad. Única, invariable,
en personas y épocas. Si no a qué mástil, chico. 
Te iban a faltar hilachas de las que tirar, 
para ver cuál a un cubo de agua peor.

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