miércoles, 5 de abril de 2017

CASTRA-CASTRO Y EL DANDISMO



          


            Quitémosle hierro.

          Bulwer-Lytton escribió: <<Las invenciones en el vestir deberían asemejarse a la definición de Adison sobre la buena escritura, que consiste en “los refinamientos que son naturales sin ser obvios”>>.
          Esto todos lo entendemos, E. C., sostengo. Sin embargo la progresión, levedad, que Bulwer-Lytton le exige a una evolución del ropaje lógica, estás dejando tú de sostenerla, con aquel artículo hiperbólico (si introduces la cita es porque le das plácet), que tan buena gayola de sobremesa me ha procurado en este abril de aguardiente. Conque gracias.
 
          Por un lado.


          Por otro, y como yo soy muy vanidoso y a todo le busco el lucro social media, a ver si consigo situar en el mapa retórico una defensa (barata y de plataforma, como lo que escribo) de la posición escéptica, y tomando como reactivo el comentario que te dejé en feisbuc (insisto en la alusión): el dandismo no es sólo el atuendo, también los principios para construirlo.

          Es interesante aquello de que los términos de comparación pueden perder su referencia. Suscribirlo como tragedia, sin embargo, es tan ocioso como suponer, por un lado, que hoy se barniza el término (“dandi”) con idénticas connotaciones a como se hacía en el XIX, y, por otro, que el hambre carece de legitimidad dandesca. Un par de zapatos buenos (el Wallapop es un igualador social; ¿no favorece el contemporizar?) no se le niegan a nadie ya. Con tal de que se vendan/usen, puedes meter dentro a un chorizo de Serrano o a un anarcoseñorito de periferia. Y como a quienes practican de fe o tiranía (autolutismo) el gesto, se les presume, además, un acierto (si no se quedaría en mero bufón, y del bufonismo no hablamos aquí), la fórmula resulta desbaratar las premisas aniciales: no sólo se pierde la referencia estamental del asunto, sino que se ensancha el espectro. Y esto es síntoma de ciertas liberaciones laterales.


          Los jóvenes han/hemos dejado de manifestar por medio de la vestimenta nuestra inquina hacia el orden constituido. El filisteo-pequeñoburgués asimila unas formas, que son además las formas que cultivan los horteras, y que son formas dandis. El dandismo ha dejado de ser una gema que brilla para ojos hambrientos.

          Y la definición antitética de Adolfo de Castro del cursi: <<Persona que quiere ser elegante sin tener las condiciones para ello, bien por faltarle medios pecuniarios, bien por carecer de gusto>> (o sea, cualquiera que quiera ser elegante y no lo consiga), palpita sobre la aliteración con la que Guillén se despachaba contra Umbral: “no se puede jugar y juzgar”.

          El paradigma-Villena, creo, no es representativo, por razones dóricas.

          Lluéveme un peu.


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