jueves, 23 de febrero de 2017

¿DISCURSOS DE GÉNERO O AUTOBOMBO?


          Sabina y Chavela Vargas, en un homenaje a José Alfredo. 1988.


Wow (guau, perdón). A ver si la sorpresa me sale del venaje en forma de artículo cotizado, que sería la primera vez.

En ningún lugar del planeta ha funcionado y funciona tan bien como en nuestra tierra lo de “el amigo de un amigo”, que cale tan hondo y despierte tanta poética dormida (poética o cipotada de bar, es lo mismo), y que a su vez la controversia impregne a varios apellidos dispuestos a la pelea lagartera y que éstos encarnen el sentir de varios medios periodísticos o magacineros (en este caso de hoy), que terminan enfrentándose.

¿A qué esta nueva boutade introductoria? Es gracioso, no creáis. Por un lado, y a tenor cronológico, vamos a sofreír de ociosidad varios nombres: Laura Viñuela (experta en género), Joaquín Sabina (experto en Joaquín Sabina), Juan Soto Ivars (aprendiz de dandi), Diego Álvarez Miguel (editando en Planeta), La Galla Ciencia (a la que aludo aquí como medio, canal, informativo).

Bien.

Hace unos días saltó la polémica, del todo injustificada, desde el punto de vista del que escribe, por cuanto a una de las personas responsables del tema (en primera instancia) ningún peso ni arbitrio cabe conjeturarle en la escena pública: Laura Viñuela critica contenidos machistas en las canciones de Sabina. Aplauso. Otro aplauso. ¿Le cabe duda a alguien? No, no; un momento: ¿desde cuándo puede ser objeto de marchamo el hecho creativo a ese lado de la muerte, desde el que Sabina escribe? ¿Qué revisionismo atroz de certezas culturales sugiere esta mujer? Repasemos quién es esta Viñuela, y “por qué”: ¡anda! Una musicóloga especializada en pop y feminismo. (Emoticono). Una mujer dueña de una consultoría de género para empresas (guiño, guiño), que además imparte talleres para alumnos de la E. S. O. en una localidad asturiana, en el que se repasan y rebaten seguridades románticas (con las que los demás hemos crecido, de mejor o peor manera, pero sin incurrir en amstettismos).

¿Que qué? ¿Qué corte ya la prédica y el machirulismo, que va a costarme la seis o siete columnas que mantengo en medios? Nada tienen de especial, dos mujeres que se dan la mano… Vamos a ver, no colapsemos. El problema aquí no es que esta persona, que defendió su tesis del machismo sabiniano con mucho respeto, hable libremente; la puya gallea en los hogares: ¿cómo puede ser que levante tanto polvo la opinión individual de alguien que vive previsible y exclusivamente del sacapuntismo? Si me pongo, menstrúo. O sea, que sálvese quien pueda, puestos al través del extremismo.

Esto no habría pasado de anécdota si no fuera porque Viñuela tropezó con el mito (qué estatura de mito, ¡ay!): Sotiño Ivársenas, el dandi heterodoxo que presume de monárquico rebelde (contra los partidos políticos) y se fotografía con don Felipe VI en bares de Malasaña, de los que se presume muy asiduo, “bares llenos de drogadictos, con mucha cola en los baños, nunca para mear”. Okey. A las opiniones de la experta en género contestó Ivars en un interesante artículo en su blog de El Confidencial. La premisa: todos tenemos pensamientos oscuros e inconfesables. Somos personas a medio hacer, infelices, que buscan el sentido a oscuras en el valle de la muerte. ¿Y? Sugiere Ivars, sin embargo, que la ética es certera, un perfecto instrumento social que nos mantiene en un patrón de buenismo cuando lo que uno quisiera es otra cosa. Es absurdo reducir al poeta al estereotipo. En esto coincidimos. El hecho creativo, obligado al pacto burgués con el arte, resulta en el arte de nuestros días, en la creatividad herida de comodidad. ¿Es esto lo que sugiere la señora Viñuela? ¿Un advenimiento, en la dimensión artística, de la rectitud? ¿Está borracha?


Como reacciones airadas, en España, las suscita hasta la desaparición del chupachups Koyak verde, luego de sendas publicaciones ha habido de todo. A Ivars, que por ser habitué de cualquier –ismo hace tiempo selló pacto con la bufonada, se le han dicho muchas cosas, luego de su artículo; reactividad variadita, como en realidad es el surtido patrio (mismo bombón: ordinario y a la Habsburgo), a la que unos días después ha añadido más bilis Diego Álvarez Miguel (chico, piensa en un apócope), director de Oculta Lit, entre otros títulos del chaval, revista con la que yo mismo vengo colaborando. En su texto La nueva estrategia del machismo intelectual: situarse como falso defensor del feminismo, Miguel se despacha con Ivars diciendo que el problema de quienes abanderan el “feminismo responsable” es que practican la logomaquia, que les basta el razonamiento de salón (vagas alusiones) para afirmar que ciertas posiciones feministas van en contra del propio objetivo feminista. ¿Cuáles son estas posiciones? Ni ellos mismos, según Miguel, lo saben, pero es un argumento falaz que parece funcionar entre la gente; o sea, que un disimulo más, un cheque en blanco navajero, para seguir con su prédica egocéntrica, sin meterse en mayores líos.


Y es de esta concatenación torticera, asidua y fragantísima nuestra, que me he figurado en la máxima “pues un amigo de un amigo”, y he llegado hasta el último eslabón de la cadena, gracias al eco de mis queridos cacareadores de La Galla Ciencia. ¿Que cuál es el eslabón? Un desacertado artículo del propio Álvarez Miguel (presumo que no será el último, por cuanto el medio en que se ha publicado es un medio top-top), del que sólo referiré el título para luego despedirme, porque yo, hoy, no quiero mojarme en favor ni en contra de Sabina, al que veo muy a lo lejos, en su relojería de mil noches y adolescencia. Acaso recomendaría al joven editando rebajar, en lo posible, la autoficción de sus artículos de opinión. Titula: Joaquín Sabina es el peor poeta que le podía haber pasado a España.

¿Qué opináis vosotros? ¿Es que acaso Sabina es un poeta?



Vamos, que de pronto soy sólo un divulgador.

        

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