lunes, 8 de agosto de 2016

TRES POEMAS DE ANTONIO PASTOR

      


      TAN SÓLO POR LA LUZ LA SOMBRA EXISTE

      En la luz y en la sombra mueve Antonio Pastor sus variables líricas, dando la fórmula completa, rápida y sin caer en graves reverencias, que sería como dar forma a un menú de métrica oficialista.

      Sin que falte el reposo del partisano que exprime un último puñado de olivas, a la sombra de única guerra civil, se expresa el poeta. Le da lo mismo que la sal impida el beso, yo lo veo subido como un intérprete más a esta ópera que intuyo en sus páginas (por cuanto tienen de conciencia continuada), y sobre la cual vertemos -lector y autor- procesión de drama, amor, sonrisa, lágrima.

      Nada más cercano al sonrojo la verdad que entraña el título del poemario (Lastura, 2015), pues que a una contraparte se deben hasta los fenómenos más sencillos, vengan éstos por ciencia o por esencia. La luz y su sombra, la noche y su día, la digestión de todo ello, al punto involuntaria, cuando lo que toca es empacho de
      semanas.
      Y devoluciones.

      Porque tan sólo por la luz la sombra existe.


      Aquí su palabra:



¿QUÉ ESPERANZA RECORREN SUS VOCALES?
¿Qué sueños en la celda de sus nombres
quedaron prisioneros en la piedra?
¿Cuántos fueron estrellas en la noche?

La cal les nombra, la pared escucha
y la calle se inclina o se levanta.
Las horas que diriges son historia
que pasa dividida entre nosotros.

Yo cantaré sus nombres en un verso 
sobre el paso del viento que les nombra
y dejaré mi paz en su sosiego.

Quizás fueron cenizas del olvido
o fugaces caricias sin retorno,
o siguen siendo llama de sus besos.



NO TODO SERÁN SOMBRAS EN LA NOCHE
y no adornes tu adiós con celosía,
ni cubras de azul-mar la melodía
de tu voz, tu sonrisa y tu reproche.

Nada me duele más que tu insensible
manera de cerrar la puerta. ¡Vete!
Te presto dignidad para la huida.

A pesar del dolor será posible
volver a ver el mar sin que me inquiete
que robaras azules de mi vida.



BUSCO EN TU VOZ DE AMOR DESORDENADA
las sílabas que anuncian los finales,
el surco del adiós cuando dibujan
la mueca de tus labios despedida.

Busco en la paz tus cardinales ecos, 
la luz de los silencios de la luna,
el invisible peine de las nubes
que deshila la lluvia de mi llanto.

El viento en el espejo de tus ojos.
La duda del imán de los metales.
La llama inexistente del olvido.

Con esa ociosidad de los planetas, 
giro incansable a tu mirar cercano.
Busco tu mar en esta playa ausente.



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