sábado, 27 de febrero de 2016

JUSTIFICACIÓN PrOÉTICA

      Conque me decía sí y me consignaba a la circunferencia mía, a mi psicología de las cosas... Mi, , ¡meh! El posesivo, odioso determinante. El posesivo lo que denota es épica, y no quería más épica; tener que desbordar las cosas de su cauce lírico, doméstico, y arrojarlo a la competitividad de la épica, de tantos héroes verriondos... Prefería quedarme en una postura más conformista. Respecto a aquello. Y por vez primera en mucho tiempo.

      Le tendí la mano y más a la aritmética de compensaciones que entonces creía que regía las cosas; no me cuestionaba de la viabilidad de seguir comprando fiebre, así, sin tasa ni hartazgo. Estaba seguro de mí mismo.

      Era adeudar cada día a alguien muy generoso, que jugaba con tantos afectos/ilusiones acaso por ociosidad, haciendo asimismo ociosos todos mis intentos por medrar, crecer, mejorar.

      Mejorar.

      De ahí que necesite aquí justificar lo siguiente, con arreglo a este solivianto de alcoba, que pasa por ser el límite de mi circunferencia, en estos días, pero que luego no; que ya tengo comprendido que no soy un realista literario, y que no vivo en los años viente. ¡Los años 20! Así que me empaca el mismo revisionismo que al resto, pero con mucha más calle. Y es una cosa de diario: consultas, trabajo, reviento, OCIO.
      Justificar lo siguiente para cerrar una etapa, clarificar impresiones, atestiguarse uno mismo en un cuerpo y en un lugar.

      Lo que a continuación se relata tiene que ver con un estado de ánimo febril que me abrigó durante varias semanas, cerrándose ya el invierno de 2016, en las que tomé el impulso literario de dos autores ya muertos, a raíz de una lectura simultánea que hice de dos obras tocantes a ellos (una un ensayo biográfico de uno sobre el otro, del más reciente sobre el más antiguo; la otra se trataba de un apunte biográfico de una autora cualquiera acerca del primero, del más reciente, del biógrafo del más antiguo); lectura que dio en triplicar mis aristas del carácter, y que me transformó en un feliz autómata, espontáneo y cargado de manías, durante las semanas que duró el embrujo, resultando de aquello un genial conversador (tenía saliendo por mi boca al mismo tiempo todo lo de tres: puntos de vista, digestiones, proclamas).


      No es tan difícil como parece. Es una cuestión de imágenes, que diría Apollinaire; una cosa de rechazar la lógica pesimista de este realismo atascado de hoy, el que ha sellado el Arte con la burguesía (renovando su compromiso) de la manera más catastófrica.  

1 comentario:

  1. 'Talking like touching. Writing like punching somebody'. Susan Sontag dixit. Sigue escribiendo, silvuplé (otros no estamos a la altura del malditismo que usté profesa, pero igual, quién sabe si poniéndome de puntillas, te alcanzo) ;)

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