sábado, 18 de marzo de 2017

HUESOS DE RITMOS MORTALES - MIGUEL HERNÁNDEZ


          Volver a Miguel Hernández en la mañana inquieta de culpas, grifería de pan dormido y café innato. El poeta de la muerte, el amor y la patria; del pueblo, con el que se identificó; el poeta en un enorme remiendo de contraluces, como no podía plantearse de otro modo, siendo su querida Josefina costurera.
          Al poeta le agradezco todos los atenuantes. De hoy.
          Pretéritos.

          Y estos dos poemas:

          El cementerio está cerca
          El cementerio está cerca
de donde tú y yo dormimos,
entre nogales azules,
pitas azules y niños
que gritan vívidamente
si un muerto nubla el camino.

          De aquí al cementerio, todo
es azul, dorado, límpido.
Cuatro pasos y los muertos.
Cuatro pasos y los vivos.

          Límpido, azul y dorado,
se hace allí remoto el hijo.


          El último y el primero
          El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Por el olivo lo quiero, 
lo percibo por la calle,
se sume por los rincones
donde se sumen los árboles.
Se ahonda y hace más honda
la intensidad de mi sangre.
Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales,
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.
Corazón que entre dos piedras
ansiosas de machacarle, 
de tanto querer te ahogas
como un mar entre dos mares.
De tanto querer me ahogo,
y no me es posible ahogarme.
¿Qué hice para que pusieran
a mi vida tanta cárcel?
Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres;
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.
Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.
La pólvora y el amor 
marchan sobre las ciudades
deslumbrando, removiendo
la población de la sangre.
El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe
y entre el clamor de los dos
mi corazón se debate.
El último y el primero:
náufrago rincón, estanque
de saliva detenida
sobre su amoroso cauce.
Siesta que ha entenebrecido
el sol de las humedades.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie.

jueves, 23 de febrero de 2017

¿DISCURSOS DE GÉNERO O AUTOBOMBO?


          Sabina y Chavela Vargas, en un homenaje a José Alfredo. 1988.


Wow (guau, perdón). A ver si la sorpresa me sale del venaje en forma de artículo cotizado, que sería la primera vez.

En ningún lugar del planeta ha funcionado y funciona tan bien como en nuestra tierra lo de “el amigo de un amigo”, que cale tan hondo y despierte tanta poética dormida (poética o cipotada de bar, es lo mismo), y que a su vez la controversia impregne a varios apellidos dispuestos a la pelea lagartera y que éstos encarnen el sentir de varios medios periodísticos o magacineros (en este caso de hoy), que terminan enfrentándose.

¿A qué esta nueva boutade introductoria? Es gracioso, no creáis. Por un lado, y a tenor cronológico, vamos a sofreír de ociosidad varios nombres: Laura Viñuela (experta en género), Joaquín Sabina (experto en Joaquín Sabina), Juan Soto Ivars (aprendiz de dandi), Diego Álvarez Miguel (editando en Planeta), La Galla Ciencia (a la que aludo aquí como medio, canal, informativo).

Bien.

Hace unos días saltó la polémica, del todo injustificada, desde el punto de vista del que escribe, por cuanto a una de las personas responsables del tema (en primera instancia) ningún peso ni arbitrio cabe conjeturarle en la escena pública: Laura Viñuela critica contenidos machistas en las canciones de Sabina. Aplauso. Otro aplauso. ¿Le cabe duda a alguien? No, no; un momento: ¿desde cuándo puede ser objeto de marchamo el hecho creativo a ese lado de la muerte, desde el que Sabina escribe? ¿Qué revisionismo atroz de certezas culturales sugiere esta mujer? Repasemos quién es esta Viñuela, y “por qué”: ¡anda! Una musicóloga especializada en pop y feminismo. (Emoticono). Una mujer dueña de una consultoría de género para empresas (guiño, guiño), que además imparte talleres para alumnos de la E. S. O. en una localidad asturiana, en el que se repasan y rebaten seguridades románticas (con las que los demás hemos crecido, de mejor o peor manera, pero sin incurrir en amstettismos).

¿Que qué? ¿Qué corte ya la prédica y el machirulismo, que va a costarme la seis o siete columnas que mantengo en medios? Nada tienen de especial, dos mujeres que se dan la mano… Vamos a ver, no colapsemos. El problema aquí no es que esta persona, que defendió su tesis del machismo sabiniano con mucho respeto, hable libremente; la puya gallea en los hogares: ¿cómo puede ser que levante tanto polvo la opinión individual de alguien que vive previsible y exclusivamente del sacapuntismo? Si me pongo, menstrúo. O sea, que sálvese quien pueda, puestos al través del extremismo.

Esto no habría pasado de anécdota si no fuera porque Viñuela tropezó con el mito (qué estatura de mito, ¡ay!): Sotiño Ivársenas, el dandi heterodoxo que presume de monárquico rebelde (contra los partidos políticos) y se fotografía con don Felipe VI en bares de Malasaña, de los que se presume muy asiduo, “bares llenos de drogadictos, con mucha cola en los baños, nunca para mear”. Okey. A las opiniones de la experta en género contestó Ivars en un interesante artículo en su blog de El Confidencial. La premisa: todos tenemos pensamientos oscuros e inconfesables. Somos personas a medio hacer, infelices, que buscan el sentido a oscuras en el valle de la muerte. ¿Y? Sugiere Ivars, sin embargo, que la ética es certera, un perfecto instrumento social que nos mantiene en un patrón de buenismo cuando lo que uno quisiera es otra cosa. Es absurdo reducir al poeta al estereotipo. En esto coincidimos. El hecho creativo, obligado al pacto burgués con el arte, resulta en el arte de nuestros días, en la creatividad herida de comodidad. ¿Es esto lo que sugiere la señora Viñuela? ¿Un advenimiento, en la dimensión artística, de la rectitud? ¿Está borracha?


Como reacciones airadas, en España, las suscita hasta la desaparición del chupachups Koyak verde, luego de sendas publicaciones ha habido de todo. A Ivars, que por ser habitué de cualquier –ismo hace tiempo selló pacto con la bufonada, se le han dicho muchas cosas, luego de su artículo; reactividad variadita, como en realidad es el surtido patrio (mismo bombón: ordinario y a la Habsburgo), a la que unos días después ha añadido más bilis Diego Álvarez Miguel (chico, piensa en un apócope), director de Oculta Lit, entre otros títulos del chaval, revista con la que yo mismo vengo colaborando. En su texto La nueva estrategia del machismo intelectual: situarse como falso defensor del feminismo, Miguel se despacha con Ivars diciendo que el problema de quienes abanderan el “feminismo responsable” es que practican la logomaquia, que les basta el razonamiento de salón (vagas alusiones) para afirmar que ciertas posiciones feministas van en contra del propio objetivo feminista. ¿Cuáles son estas posiciones? Ni ellos mismos, según Miguel, lo saben, pero es un argumento falaz que parece funcionar entre la gente; o sea, que un disimulo más, un cheque en blanco navajero, para seguir con su prédica egocéntrica, sin meterse en mayores líos.


Y es de esta concatenación torticera, asidua y fragantísima nuestra, que me he figurado en la máxima “pues un amigo de un amigo”, y he llegado hasta el último eslabón de la cadena, gracias al eco de mis queridos cacareadores de La Galla Ciencia. ¿Que cuál es el eslabón? Un desacertado artículo del propio Álvarez Miguel (presumo que no será el último, por cuanto el medio en que se ha publicado es un medio top-top), del que sólo referiré el título para luego despedirme, porque yo, hoy, no quiero mojarme en favor ni en contra de Sabina, al que veo muy a lo lejos, en su relojería de mil noches y adolescencia. Acaso recomendaría al joven editando rebajar, en lo posible, la autoficción de sus artículos de opinión. Titula: Joaquín Sabina es el peor poeta que le podía haber pasado a España.

¿Qué opináis vosotros? ¿Es que acaso Sabina es un poeta?



Vamos, que de pronto soy sólo un divulgador.

        

GLOSAR A ELOY TIZÓN




Conque este día de zumbido operario (¿o castrense, o lo que trona desde el solar de al lado de mi casa es una copa y su tintinear los ladrillos?), y yo en un jardín feliz del que no se sabe bien qué plantas. O es que estas plantas se remeten de espinas hábiles a la emoción, exigentes en su movimiento rítmico de millares de posibilidades (lecturas), y son unas plantas crecidas a lo adventicio, en cualquier rincón del corazón.
Nunca sin un orden.
Siempre me han gustado los párrafos cortos, condensados y cortocircuito. Es una manera de, en este mundo ocupado, tomar de una sentada vitaminas y hierro y minerales, como una pasta alimentaria de la que concluir “oportunidad”, “aplauso rápido”, y por la que los astronautas se baten en pírrica lucha de Cabo Cañaveral y váter (¿y las mujeres que dejan en tierra, alguien se ha preguntado por las mujeres que dejan en tierra?).
Pero algunos se preguntarán que a qué este símil estratosférico, la pasta de astronauta ruso, cuando la pena que paseamos (quotidiana) difícilmente supera límites de Troposfera y cuenta bancaria. ¡D´accord! Acaso tal símil no existe. No en la urgente diáspora de los mil jardines, imposibles, de Tizón (cómo corren). Creo que no se podría haber optado por otro título más acertado, preceptivamente: Velocidad de los jardines (Páginas de Espuma). Una velocidad que a mí más que marearme me retira aire y envejece de pronto, feliz en la intuición serena de lágrima, que ni una botella de Sauternes mejora, ni emula. Sé que no patino, entre sus páginas, en rencores de mil años a la escuela naturalista, en eliminar de una sentada a Zola y su compromiso burgués con la literatura; sé que no patino, roto de greguería, en esta adscripción íntima a la escuela tizoniana (uy, perdón, la etiqueta, qué cojones), porque en el gesto de pasar la hoja, que es una agresión táctil al libro, descubro un movimiento opuesto convergente en mi cara; una bofetada. Sé que hay imágenes complejas, un mundo figurativo, al que Eloy Tizón no da respiro, y sobre el que escarba (o escarbó, en principiando los ´90) con toda crudeza de patillas sonrientes, en busca del prodigio en una bolsa de tiempo.
Tiempo, imágenes, ya digo; escenas por las que dejarse invitar a un naufragio, que es lo que ha conseguido de mi alto catamarán, este hombre.
O sea que es como encontrarse nunca más solo, en el barullo contemporáneo de la escena literaria (Literarquía), que en fatal soplo de llamas despacha sus rencores.

Nos vemos en Villa Borghese.